VICEPRESIDENTA
TRIBUNAL SUPREMO ELECTORAL
El 8 de marzo, se recuerda la lucha histórica de las mujeres por la igualdad, la dignidad y el reconocimiento pleno de sus derechos, esta fecha no solo invita a conmemorar los avances alcanzados a lo largo de décadas de movilización social y política, sino también a reflexionar colectivamente sobre los desafíos que aún persisten para lograr una sociedad verdaderamente igualitaria.
En el ámbito democrático y político, la participación de las mujeres constituye un elemento esencial para la legitimidad y fortaleza de las instituciones. El ejercicio pleno de sus derechos políticos, en condiciones de igualdad y libres de toda forma de discriminación y violencia, es un requisito indispensable para la consolidación de democracias más representativas e inclusivas.
La presencia de mujeres en los espacios de decisión pública no solo responde a una demanda histórica de los movimientos de mujeres, sino que también fortalece el debate público, amplía la representación social y contribuye a la construcción de políticas más sensibles a la diversidad de realidades que conforman nuestras sociedades.
En los últimos años se han logrado avances significativos en materia de participación política de las mujeres, particularmente en la adopción de medidas orientadas a garantizar la paridad y la alternancia en los espacios de representación; sin embargo, estos avances aún coexisten con desafíos estructurales, entre ellos la persistencia de prácticas discriminatorias, así como la violencia y el acoso político contra las mujeres, que continúan constituyendo obstáculos para el ejercicio pleno de sus derechos.
Frente a este panorama, las instituciones del Estado tienen y el deber y la responsabilidad de impulsar políticas públicas y mecanismos institucionales que aseguren condiciones efectivas para la participación política de las mujeres, ello implica no solo garantizar el acceso igualitario a los cargos de representación, sino también promover entornos libres de violencia y fortalecer una cultura democrática basada en el respeto, la igualdad y la inclusión.
En esta fecha de reflexión, corresponde también reconocer el aporte de las mujeres que, desde distintos espacios de la vida pública, social y comunitaria, contribuyen diariamente al fortalecimiento de la democracia y al desarrollo de nuestras sociedades. Su liderazgo, compromiso y capacidad de incidencia han sido y continúan siendo fundamentales para la ampliación de derechos y la construcción de instituciones más justas e integrales.
El 8 de marzo es, por tanto, una oportunidad para reafirmar el compromiso colectivo de continuar avanzando hacia sociedades en las que las mujeres puedan ejercer plenamente sus derechos y participar, en igualdad de condiciones, en la toma de decisiones que afectan la vida pública.
“Sin la participación plena de las mujeres en política, no hay democracia completa”






