Florentina Medina pertenece a la Centralía Tajcha, de la autonomía indígena de Tarabuco, en Chuquisaca. Ella, al igual que muchas otras mujeres que se encuentran en el ejercicio de la representación de sus comunidades, asumió desde muy joven –si es que no desde adolescente– un cargo al interior de su organización, que les marcó el camino para continuar con este trabajo.
“Mientras estaba en el colegio también iba a las reuniones y así tenía los cargos de las secretarías, en la organización del sindicato de la comunidad donde estamos afiliadas con nuestros terrenos; por eso teníamos que cumplir obligatoriamente. De esa forma el 2009, cuando terminé el colegio, me nombraron representante de mi comunidad para elaborar el estatuto (autonómico indígena) de Tarabuco”, relata Medina, quien durante su participación en la elaboración del proyecto de norma asumió también la presidencia de la Coordinadora Nacional de Autonomías Indígenas Originario Campesinas (Conaioc).
Desde ese primer cargo, ellas deben construir un camino que las habilita para ejercer otros de mayor responsabilidad. “Se hace por sara thaki (camino), que va desde lo más bajo hasta lo más alto”, remarca María Jacopa, asambleísta de 24 años y que forma parte del Órgano Deliberativo de Jesús de Machaca, en La Paz.
“Pero también hay otro [camino], que es directamente: les dan oportunidad a los que son profesionales y pueden asumir un cargo más”, explica Jacopa. Ella fue electa así como miembro del Órgano Deliberativo de Jesús de Machaca, mientras reemplazaba en las reuniones comunales a sus padres, que se encuentran enfermos y se vieron imposibilitados de continuar asistiendo.
En el caso de Martha Zelade, quien actualmente ocupa la Secretaría de Comunicación de la Confederación de Pueblos Indígenas de Bolivia (Cidob), a la edad de 15 años asumió la representación de su comunidad de la nación indígena Movima, en Beni. En su caso, la dirigencia fue una especie de herencia familiar. “Vengo de una familia que siempre ha sido dirigente: mi papá ha sido dirigente, yo también y mi hermano; pero yo he sido la única en mi familia que ha llegado a sumir un cargo nacional, siempre con esos conocimientos y luchas que han tenido mis antepasados y abuelos”, cuenta.
En su organización, para la elección se toma en cuenta esta trayectoria que tuvo la familia en la dirigencia, tanto en la comunidad como la representación regional o departamental, además de que pueda expresarse en público, como requisitos para asumir un cargo de representación.

Entonces, ¿por qué hay pocas mujeres en la representación política?
“Muchas mujeres no quieren salir a ejercer un cargo departamental o nacional porque les dificulta la familia, los animales, porque dejamos de lado. Pero cuando ejercemos no hay el apoyo económico ni moral para seguir trabajando, entonces eso hace que llegue un momento en que queramos dejar este cargo. Nuestros hijos nos apoyan y si bien estamos haciendo por el futuro de ellos, cuando no tienes un plato de comida te sentís mal. Además la gente cuestiona: ‘¿por qué no estás trabajando?, ¿por qué no has recorrido los territorios?’, y no sabemos cómo nos vamos a mover. Creo que ese apoyo económico es lo que nos afecta como mujeres, a veces no tenemos con quién dejar a nuestros hijos, más cuando no se tiene el apoyo de la pareja”, menciona Zelade.


